domingo, 25 de septiembre de 2016

Programa del 25 de septiembre de 2016



Nuevo programa, nueva temporada en El Acantilado, que espero sea más constante que la anterior. Seguiremos subiendo los programas siempre que podamos. En el de hoy hemos hablado de todo un poco, siempre tomando como hilo central la idea del verano, sea cual sea esta idea de verano, que tanto puede ser algo idílico, con vacaciones y viajes, como puede ser un achicharramiento sin fin. En las músicas que hemos presentado ha habido una muy especial, Verano porteño, de Astor Piazzolla, una obra que hemos descubierto en un concierto del Festival de Prades, un festival inaugurado por Pau Casals hace ya sesenta años, y que se dedica sobre todo a la música de cámara. La versión que hemos escuchado en el programa es la de Gidon Kremer y la Kremerata Báltica, a quienes podéis encontrar en el vídeo de más abajo con otra obra de Astor Piazzolla.

 


Se trata de Oblivion, como el propio Gidon Kremer presenta.





Y si alguno quiere volver a escuchar Verano porteño, aquí tiene otra versión, esta vez por una chavala joven que se las pela con el violín. Que aproveche y hasta pronto!

 

domingo, 26 de junio de 2016

Programa del 26 de junio 2016


Después de varios meses de sequía radiofónica por causas múltiples, por fin hemos podido volver. En este programa hemos presentado entre otras músicas, un disco del grupo Les musiciens de St Julien, que pasan de la música barroca a la música celta con una facilidad pasmosa. Hablaremos largo y tendido un día de ellos.




También hemos hablado un poco de pintura, de cambios y revoluciones en la música... No doy más pistas. Pasen, pinchen y escuchen.




domingo, 8 de mayo de 2016

Bolero de Ravel, ahora en dominio público.




El pasado 1 de mayo entró en el dominio público el Bolero de Ravel; dicho de otro modo, se extinguió el periodo por el cual los herederos recibían los consabidos derechos de autor, que en Francia son escrupulosamente gestionados, entre otras sociedades, sobre todo por la SACEM, equivalente, a mayor escala, de nuestra SGAE.

Esta fecha podría haber pasado desapercibida si no fuera por un pequeño detalle: el Bolero de Ravel es una de las obras más interpretadas y, por tanto, de las que generan una verdadera fortuna. Algunos estiman que los derechos ascienden a millón y medio de euros… al año. Pero quién cobra estos derechos? El asunto es enrevesado y parece digno de una película de espías. Vamos con el resumen de esta película:

Ravel estrena su ballet Bolero (si, es un ballet, no fue escrito como obra de concierto) en 1928. Soltero y sin hijos, Maurice Ravel morirá en 1937, sin dejar testamento, pasando su hermano Édouard a ser el único heredero reconocido. Hasta ahí todo medianamente normal. Tiempo después de la muerte de Maurice Ravel, la esposa de Édouard sufrirá un accidente del que saldrá malparada y por el que necesitará la ayuda de una masajista llamada Jeanne Taverne, que se convertirá poco después en inseparable de la familia, así como su marido Alexandre Taverne, que pasará a ser el chófer de Édouard Ravel y su esposa. Para entonces Édouard recibe íntegramente los derechos de autor por las obras creadas por su hermano Maurice, seguirá haciéndolo hasta su muerte, ya viudo entonces, en 1960. Curiosamente, y al igual que Maurice, Édouard fallece también sin descendencia reconocida… pero con testamento. La totalidad de sus bienes, derechos de autor de Maurice Ravel incluidos, pasan a ser propiedad de Jeanne Taverne, la masajista, y de su marido Alexandre.

Hasta ahora todo está más o menos claro, pero entramos en los años 1960 y a partir de ahí se embrolla el argumento de nuestra película: aparecen en Suiza unos supuestos sobrinos de Maurice Ravel, que reclaman parte de la herencia. Los recursos judiciales van a alargarse durante diez años, hasta que, en 1970, Alexandre Taverne, viudo de Jeanne desde hacía seis años, es finalmente reconocido como el heredero único de Édouard Ravel, es decir, hereda la fortuna que suponen los derechos de autor de la obra de Maurice Ravel, Bolero incluido. 

Al mismo tiempo, en la SACEM (recuerdo, la SGAE francesa) dimite uno de sus personajes más importantes y director jurídico, Jean-Jacques Lemoine, quien no mucho después fundará una sociedad opaca en un sitio que no era Panamá pero como si lo fuera. Para entonces el Bolero era directamente la principal fuente de ingresos de la SACEM, hecho bien conocido de Lemoine, que estaba muy, pero que muy bien informado, de todo lo que concernía a los derechos de autor generados por la obra de Maurice Ravel. Curiosamente, Alexandre Taverne, que es el único propietario de la fortuna que sigue creciendo, venderá los derechos de gestión de las obras a la susodicha sociedad opaca por el irrisorio precio de 10 dólares (la transacción se hizo en Estados Unidos). 

Con los años la sociedad, de nombre ARIMA, cambiará de nombre, de país, se multiplicará, pero seguirá recibiendo una cantidad enorme de dinero por los derechos de autor de las obras de Maurice Ravel… todo muy claro y muy transparente. Creo que se me entiende.




Resumiendo, los años han ido pasando, las sociedades que reciben los beneficios han ido cambiando de nombre y de país de residencia, pero siempre serán del “modelo panamá”, Alexandre Taverne fijará su residencia en Suiza (oh casualidad!) y Lemoine, que renunciará a su nacionalidad francesa, pasará a ser suizo con residencia en Mónaco, donde pasa por ser un gran mecenas y benefactor.

Hay muchos más detalles en esta historia, como la pelea con los editores de las partituras, que también cobran sus derechos y que acabarán misteriosamente cediéndolos a Lemoine… Pero hay un detalle nada desdeñable que quizá no le ha pasado desapercibido al lector: por qué el bolero no ha entrado en el dominio público hasta 2016, si la obra se estrenó en 1928 y su autor falleció en 1937? Qué dice la ley al respecto? Es bastante sencillo pero hay que fijarse en las cifras: Ravel muere en 1937 y la ley vigente  entonces que los derechos se cuentan durante 50 años a partir del 1 de enero del año siguiente. Es decir, así llegamos al 1 de enero de 1988. Ocurre que en Francia, en los años 1950, la ley reconoció la “necesidad” de recompensar lo que los autores habían dejado de percibir en los años de la guerra, y se fijó que la compensación sería de 8 años y 120 días para las obras de entre las dos guerras mundiales (hay otra compensación que se fijó por la I Guerra Mundial, pero eso no cuenta ahora en esta historia). Sumando, ya hemos pasado al 1 de mayo de 1996 para que las obras de Ravel pasasen al dominio público. Entonces? Sencillo, y esto es donde quería llegar: justo unos meses antes, 1995, el entonces ministro de Cultura francés Jack Lang, en un intento de proteger a todo tipo de creadores artísticos, y sin que mediara ningún tipo de presión por parte de nadie (se me entiende el sarcasmo?) sacó una ley que extendía los derechos de autor de 50 a 70 años. Y así llegamos al 1 de mayo de 2016, con la demostración una vez más de varias cosas: de la independencia de la política respecto de las presiones de los grupos económicos, de la transparencia de las recaudaciones de los derechos de autor, de la todavía mayor transparencia de quién cobra esos derechos cuando los autores han muerto… 

Si alguien quiere saber algo más de todo esto, puede buscar un documental magnífico titulado “Qui a volé le Bolero de Ravel” (quién ha robado el Bolero de Ravel?), que en Francia hemos podido ver la semana pasada en la televisión pública (y a veces de calidad), y que me ha servido como fuente impagable de información para esta entrada. 


Terminamos con música, cómo no, con el Bolero en una interpretación de la Filarmónica de Viena con Gustavo Dudamel a la batuta. Que lo disfruten:





PS: Pido disculpas por la tardanza en actualizar el blog, por la falta de nuevos programas de radio… Estamos en ello, pero no siempre somos los maestros de nuestro tiempo. Seguiremos informando.

lunes, 28 de marzo de 2016

Una programación cinematográfica para Semana Santa


Desde hace muchos años tengo una relación bastante conflictiva y esquizofrénica con la Semana Santa, al rechazo visceral con el que vivo todo lo que viene de la iglesia católica lo compenso con mi afición a aprovechar estas fechas para escuchar partitura en mano alguna de las pasiones de Bach. Llevo ya muchos años viviendo en el extranjero y son muchos detalles en los que uno, leyendo los periódicos españoles, se da cuenta del abismo tan enorme que hay entre vivir en un estado donde la religión es importante (Holanda, donde viví 8 años), otro estado que hace gala de la separación entre Iglesia y Estado (Francia, donde vivo actualmente) y una teocracia como España, donde la Iglesia puede incluso ocupar el centro de las ciudades durante varios días y encima recibir el apoyo de las autoridades que se dicen laicas y de izquierdas. Se pueden añadir todos los matices que se quiera a lo que he dicho de estos tres países, pero es a grandes líneas lo que les separa en este asunto.

Cuento esto porque ando estos días recordando cual era la programación típica de la televisión cuando yo vivía en España, donde uno se podía atiborrar cada año de su ración de ben-hures, túnicas sagradas y demás paranoias, y me divierto pensando cuál sería la programación cinematográfica que yo haría, de la musical ya hablaremos en otro momento, en estas fechas que terminan hoy con el lunes de Pascua. Esta es una pequeña propuesta: empezamos por Philomena, simplemente porque es una película de Stephen Frears que he descubierto recientemente y que me parece buena y que ilustra muchas cosas. Cuenta el caso de una joven embarazada y soltera acogida en los años 1950 en un convento en Irlanda, donde el hijo que tendrá será dado en adopción, en contra del criterio de la madre, que penará por ello hasta que, ya muy mayor, cuando su hijo debería cumplir 50 años, intenta recuperar el tiempo y saber qué fue de su hijo. No cuento más, pero sí la recomiendo al lector que no la haya visto; contada con un cierto sentido del humor, es un ejemplo de cómo se puede abordar un tema sin miedo a que se te eche encima toda una tonelada de casullas cardenalicias impregnadas de inquisición. Además es una buena película y la interpretación es impecable. Por cierto, imprescindible verla en inglés, no se puede doblar a Judi Dench, debería estar escrito en la Constitución Europea, si es que existe tal cosa.





El segundo ejemplo es más amargo y más obvio. Se trata de Amen, el film de Costa Gavras sobre la implicación del Vaticano en la solución final hitleriana, hasta la ayuda que prestó para que algunos jerarcas nazis, “buenos católicos”, pudieran escapar a Argentina y escapar al juicio del ejército aliado.






Y puesto que hablamos de programación cinematográfica en una televisión española, no puedo dejar de traer la mejor réplica a la última cena que quien esto escribe ha visto nunca en el cine. Me refiero, cómo no, a Viridiana, una joya que algún bruto de la censura estuvo a punto de destruir.




Por cierto, no me resisto a incluir además la escena final, esa que Buñuel tuvo que cambiar y poner la que le sugirió el censor, que la dejó más buñuelesca todavía.




Esta es solo una lista muy corta. Y el lector de este blog? Qué películas incluiría?

PS: ayer tocaba programa de radio y hoy a más tardar me correspondía compartirlo en el blog, pero un virus sin importancia pero inoportuno me dejó en cama y sin programa. No desfallezca el lector que prometemos seguir haciendo radio mientras nos sea posible.

domingo, 13 de marzo de 2016

Esquizofrenia


El siguiente texto no es un guón inédito de Azcona, sino que está extraido de una noticia de un periódico local, de qué periódico no importa ahora.

“La Asociación de Caballeros del Cristo del Sepulcro organizó anoche el acto de exaltación de la figura que les da nombre y que cumple su 75 aniversario.
El pregón de Exaltación fue realizado por Alfonso Galdón, profesor de Física, Química y Matemáticas de la ESO y Bachillerato en el colegio de Fomento Monteagudo Nelva de Murcia. Galdón dedicó a la figura de su padre su discurso en el que no faltaron referencias históricas al Santo Sepulcro y al origen de la imagen que hay en Yecla.
La sociedad yeclana relaciona la bajada del Cristo con la llegada de la lluvia. Ese hecho fue utilizado por el pregonero para aportar datos estadísticos sobre la pluviometría en jornada de descenso del Cristo y efectivamente, casualidad o no, pero la relación entre ese acto y la llegada de precipitaciones es real.

Galdón alertó sobre los peligros de que acechan a “la dignidad humana y a la vida”, asegurando que la globalización arranca la esperanza de la humanidad. Además, alertó del “olvido de Dios” que conduce al abandono del hombre en un sociedad cada vez más laica. “La iglesia ha contribuido a aportar valores que han configurado la cultura europea”, reclamando el papel que esta institución han tenido y que está perdiendo.”

Aunque parezca increíble este texto es actual y se refiere a una noticia publicada el 7 de marzo aquí. Si me detengo en esta noticia es para resaltar lo que muchas veces nos pasa desapercibido. El tal pregonero de la “Asociación de Caballeros del Cristo del Sepulcro”, que vaya con el nombre, es profesor de Física, Química y Matemáticas. Uno, en su inocencia, le atribuye a un profesor de estas disciplinas un cierto saber científico y, como tal, presupone que no se va a dejar enredar por las tonterías arcaicas e irracionales de la religión. Porque el lector estará de acuerdo conmigo de la incongruencia que resulta de ser científico y creyente; el científico está obligado a creer solamente en aquello que sigue unas leyes empíricas y que, como tales, serán reproducibles si las condiciones son también repetidas; el científico está obligado a creer la razón, la Razón (no confundir con el periódico del mismo nombre), y rechazar lo demás o, al menos, dejarlo para el terreno de la fantasía, la ficción y los cuentos. 


Uno asume que cada cuál tiene derecho a vivir sus esquizofrenias particulares como quiera, pero si es un personaje público como profesor de Ciencias, sería recomendable que dejara para el ámbito de lo privado las majaderías irracionales. A no ser que como profesor sea un impostor y no tenga ni pizca de científico, en cuyo caso…






domingo, 6 de marzo de 2016

Nikolaus Harnoncourt in memoriam



Muchos de nosotros escuchamos por primera vez su nombre asociado a las cantatas de Bach, que estuvo grabando una tras otra para la primera edición integral que se publicó en los años 1980, y que algunos escuchábamos puntualmente cada domingo por la mañana en Radio-2 (todavía no le había salido el apellido Clásica, eso fue despues), integral que compartiría con Gustav Leonhardt y para la que emplearon casi veinte años. Empresa enorme que nadie había acometido antes, Nikolaus Harnoncourt y el Concentus Musicus de Viena, junto con el coro Arnold Schönberg, llevaban desde 1953 interpretando la música barroca con instrumentos de época, algo completamente inaudito entonces y que ha generado no pocas controversias, tanto acerca de los instrumentos como de la propia interpretación del barroco.

 En diciembre pasado muchos escuchamos que Harnoncourt, a sus 86 años, decía basta y dejaba de dirigir por motivos de salud. Hoy acabamos de leer que ha fallecido y, lo que nos queda, es el recuerdo de los conciertos donde pudimos escucharle y donde pudimos aprender, porque cada uno de sus conciertos eran un momento único donde siempre se aprendía algo incluso sobre obras que uno creía conocer al dedillo.

 Este vídeo es una grabación de un concierto de 2000, la cantata BWV 147, "Herz und Mund und Tat und Leben”, en el programa, con sus siempre fieles Concentus Musicus y el coro Arnold Schönberg. No tienen desperdicio ni siquiera los recitativos, que tanto nos cuesta seguir a los latinos.
    

 La primera vez que escuché a Harnoncourt fue en el Auditorio de Madrid, con la orquesta del Concertgebouw, y la sinfonía Incompleta de Schubert. Inolvidable desde el principio, con esa forma que tenía de resaltar el pizzicato de las cuerdas graves, tan solo un pequeño detalle en el que uno nunca había reparado, pero que alertaba desde los primeros compases que “algo” podía pasar en ese concierto. Y pasó. Hace más de veinte años de esto y todavía lo recuerdo.

 La casualidad (y el trabajo) me llevó a vivir a Holanda, donde él dirigía asiduamente la orquesta del Concertgebouw. Tuve ocasión de ir varias veces a sus conciertos y siempre salí con alguna lección aprendida. Era un director muy especial; carente de la técnica superdotada de otros grandes directores, para el público era importante verle porque sus gestos explicaban lo que uno debía escuchar en aquella masa orquestal, el detalle al que había que prestar atención y que nos ayudaba a construir el edificio sonoro de la sinfonía en cuestión.

 Siendo uno de los grandes iniciadores de la corriente de interpretación con instrumentos barrocos (el otro grande sería Gustav Leonhardt), la lección más importante que creo que nos ha podido dejar es que no es tan importante la elección del instrumento como la forma de interpretar.

 Termino con un segundo vídeo grabado precisamente en el Concertgebouw, con el Benedictus de la Missa Solemnis de Beethoven.

 Gracias Maestro, fue un enorme e inolvidable placer.